Esta historia de 1993 demuestra que cuando la supervivencia está en juego, el ingenio humano no tiene límites. Y aunque no hablamos de una moto trail comercial, sino de una creación única forjada en el desierto, la historia de Emile Leray merece un lugar en los anales de la aventura sobre dos ruedas.

El contexto: años dorados del rally aventura

En los años 90, la fiebre del París-Dakar había contagiado a miles de europeos que se lanzaban al desierto en busca de aventuras. El rally había demostrado que era posible cruzar el Sahara, y muchos aficionados intentaban sus propias versiones con vehículos convencionales.

Emile Leray, ingeniero electricista francés, era uno de esos aventureros. Su elección de vehículo: un Citroën 2CV, el icónico «dos caballos» francés, famoso por su simplicidad y resistencia, pero no precisamente diseñado para el desierto marroquí.

El desastre que cambió todo

Después de pasar Tan-Tan (pueblo conocido por sus dos camellos metálicos que marcan la entrada al Sahara), Leray se dirigía hacia Tilemson cuando los militares le ordenaron dar media vuelta. El Sahara Occidental estaba en conflicto y no podía continuar.

En el camino de regreso hacia Erfoud, las ganas de aventura le jugaron una mala pasada. Circulando demasiado rápido por terreno hostil, chocó contra una roca.

El impacto fue devastador:

  • Larguero del chasis doblado
  • Brazo de suspensión delantera arrancado
  • El 2CV, inmóvil en medio del desierto

Para la mayoría, esto habría significado el final del viaje y una llamada de auxilio. Para Leray, fue el comienzo de la aventura real.

La transformación: de coche a refugio, de refugio a moto

Consciente de que estaba a horas de marcha del pueblo más cercano y que caminar bajo el sol del Sahara no era una opción atractiva, Leray decidió aplicar su formación de ingeniero.

Primero, desmontó el 2CV para usarlo como refugio nocturno. Pero necesitaba movilidad.

Segundo, intentó construir un trike (moto de tres ruedas), pero se dio cuenta de que necesitaría tiempo para perfeccionar el diseño.

La ingeniería de supervivencia

Durante 11 noches y 12 días, Leray trabajó incansablemente en su creación:

Chasis: Conservó parte de los largueros centrales del habitáculo, abandonando el resto de la estructura.

Motor y transmisión: Instaló el motor en posición central trasera junto con la caja de cambios, creando una transmisión por rodillos sin cadena.

Sistema de tracción único: Instaló dos tambores de freno en la salida del motor. Uno bloqueado fijo (para dirigir el par) y otro conectado a la rueda trasera. El tambor libre hacía girar la rueda, pero en sentido contrario, por lo que solo tenía marcha atrás, que en la práctica funcionaba como marcha adelante.

Manillar improvisado: El gato del coche se convirtió en manillar, incorporando embrague y encendido.

Asiento: Fabricado con trozos del parachoques, tapicería y cinta adhesiva.

Suspensión: Incluso se permitió el lujo de montar suspensión delantera usando piezas del brazo original.

Pata de cabra: El tubo del depósito de gasolina sirvió como soporte lateral.

Velocidad máxima: 20 km/h hacia la libertad

La moto resultante no era precisamente una trail moderna, pero cumplía su función. Con una velocidad máxima de 20 km/h y aspectos que la hacían parecer más motocultor que motocicleta, Leray inició su camino hacia Tan-Tan.

El final irónico: de héroe a infractor

La última noche, antes de partir, Leray oyó un vehículo acercándose. Eran los militares marroquíes que le habían controlado días atrás en Tilemson.

Al ver su creación, le dijeron que no podía circular con ese «engendro mecánico». Lo arrestaron por «importación ilegal de vehículo no conforme» y llevaron su moto al depósito municipal.

Meses después, Leray tuvo que regresar con otro 2CV (esta vez completo) para recuperar su moto de supervivencia.

El legado de una aventura única

Esta historia conecta perfectamente con el espíritu trail y aventura que analizamos en nuestros posts anteriores:

✓ Polivalencia extrema: Leray creó el vehículo más polivalente posible con los recursos disponibles

✓ Simplicidad mecánica: Como las trail clásicas, su moto priorizaba la funcionalidad sobre la sofisticación

✓ Espíritu aventurero: Demostró que la pasión por la aventura supera cualquier obstáculo técnico

✓ Ingeniería práctica: Aplicó los principios básicos de las motos trail: motor central, suspensión, maniobrabilidad

Reflexión final

Mientras hoy debatimos si las trail chinas están a la altura de las europeas y japonesas en términos de calidad, componentes y prestaciones, la historia de Emile Leray nos recuerda que el verdadero espíritu aventurero no depende de la marca o el precio de la moto.

Armado solo con ingenio, herramientas básicas y una voluntad inquebrantable, este francés creó una moto única que le salvó la vida. Su «trail de supervivencia» puede que no tuviera ABS, control de tracción o suspensiones electrónicas, pero cumplió su misión.

Hoy en día, Emile Leray conserva su creación en casa, junto con otros inventos que incorporan piezas de Citroën. Un recordatorio de que, a veces, la mejor moto es la que te lleva a casa.

¿Te imaginas teniendo que construir tu propia moto con las piezas de tu coche averiado? La próxima vez que te quejes del precio de una trail china, recuerda esta historia.

Moraleja: En el mundo de las motos trail, no siempre se trata de tener la mejor máquina, sino de tener la actitud correcta para la aventura.

fuente:https://www.motorpasion.com/citroen/hombre-que-viajaba-marruecos-2cv-se-quedo-tirado-medio-desierto-averia-su-salvacion-fue-convertir-viejo-citroen-moto

Leave A Comment